Hace ya varias décadas que, de la mano de experiencias muy exitosas realizadas en varias ciudades del mundo, se viene reclamando en nuestro país el dictado de medidas similares que faciliten el uso de bicicletas en las grandes urbes, por las muchas ventajas que supone su utilización como medio de transporte. No obstante, el avance hacia ese objetivo sigue siendo lento, aún cuando ya se encuentran en pleno curso programas muy avanzados como los que se encuentran instrumentados en la Ciudad de Buenos Aires con la demarcación de las bicisendas en el centro y en los barrios porteños, así como en Mendoza, Rosario y Córdoba que han sistematizado programas que incentivan el uso de bicicletas.
Lamentablemente, no ocurre lo mismo en nuestra ciudad, tal como lo acaba de testimoniar una nota publicada en este diario. Allí se define con razón a La Plata como a una ciudad hostil con la bicicleta, ante la absoluta falta de bicisendas, de estructura vial apropiada y de mínimas medidas de seguridad y protección que garanticen a los ciclistas una presencia segura en las calles.
La presencia de pavimentos ondulados, con baches y grietas; la subsistencia de muchas calles con empedrado en las que circular con bicicleta se convierte en una aventura riesgosa; las muchas vías tranviarias en desuso que persisten y que crean peligrosos desniveles, así como la falta de carriles exclusivos y de lugares para estacionarla, son parte de las numerosas dificultades existentes y demostrativas de la carencia de una cultura vial acorde a las tendencia mundial que reconoce a la bicicleta como un medio apto de circulación en las grandes ciudades.
El informe publicado alude también a otros peligros que acechan a los ciclistas. Entre ellos, los perros callejeros que suelen amenazarlos y atacarlos, con todo lo que eso significa en materia de riesgo sanitario. Como se sabe, la Ciudad abolió hace casi cuarenta años “la perrera” -un sistema efectivamente cruel y primitivo- pero el Estado municipal nunca se puso a pensar en serio cómo resolver el grave problema de los perros callejeros.
Lo cierto es que la Ciudad reclama iniciativas que apunten a estimular el uso de la bicicleta, un medio de transporte económico, ecológico y que, por supuesto, contribuye a descongestionar el tránsito vehicular. Pero también es inconstrastable que se debe tender una segura red de bicisendas -en especial elegir calles que permitan el ingreso y egreso de la ciudad- así como promover campañas que fomenten el uso seguro y responsable de las bicicletas.
El explosivo crecimiento del parque automotor y también el de motos demanda variantes creativas para evitar el colapso del tránsito. Y en ese sentido, tanto el refuerzo y el mejoramiento del transporte público como la estimulación de medios alternativos -como podrían ser consideradas las bicicletas- son contribuciones importantes a la descongestión del tránsito vehicular.
El tema planteado es conocido y fueron varias las administraciones municipales que prometieron plasmar medidas de fomento del uso de la bicicleta. Sin embargo, los anuncios quedaron en el plano declamativo y lo cierto es que es muy poco aún lo que se ha avanzado en la búsqueda de soluciones realistas para un problema que sin dudas es muy complejo. Es de esperar, entonces, que la Ciudad enfoque en forma integral la mejor forma de racionalizar el uso de la vía pública y el fomento de los sistemas de transporte más convenientes.
SUSCRIBITE a esta promo especial